Reflexiones diarias II.

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  • Última modificación de la entrada:octubre 30, 2025

30 de octubre. Hoy es uno de esos días en los que me levanto y la losa de piedra inmensa llamada vida se planta delante de mis narices. Desde pequeño he sido una persona soñadora, siempre he tenido claro cuales son las cosas que me mueven por dentro. Abrir un nuevo libro, inhalar ese olor adictivo a nuevo y perderme en sus páginas para dar de comer a mi imaginación. Sentarme en el sofá a ver un partido de mi Madrid junto a mi abuelo y mi padre. Coger mi mochila, ir al gimnasio y sentir que sigo progresando físicamente. Abrir mi ordenador y ponerme a estudiar idiomas para no dejar de lado esa pasión que tengo por los idiomas desde pequeño. Preparar la maleta con todas las ganas del mundo sabiendo que va a comenzar una nueva aventura. Estar rodeado de aviones para poner mis sueños a volar. No tengo el menor ápice de duda sobre lo que me gusta y lo que no. Cuando cierro los ojos puedo imaginar la vida que soñó tener ese niño de 6 años que viajaba con sus padres; o ese chaval de 18 años que se fue a buscarse la vida a la otra punta del mundo con una maleta a cada mano. Laboralmente, ya tengo mi licencia de vuelo de tcp. Llegar a serlo me está costando un poco, pero bueno, al menos ya estoy metido en el aeropuerto. Económicamente no genero lo que mi puesto merece dada su responsabilidad pero no me puedo quejar tampoco. Mi familia tiene salud, mi padre sigue en su tienda y mi madre sigue cuidando nuestro hogar. Por otra parte, mis abuelos tiene salud. Contando todo como lo estoy refiriendo, parece que todo marcha perfectamente, o al menos eso parece. Hoy ha sido un día en el que me pregunto por qué estoy aquí realmente. Lo que me produce placer ya ha dejado de dármelo. La ilusión con la que cojo otros días el coche para ir a trabajar no ha sido la misma. No sé si será por mi obsesión por ser azafato de vuelo que no me deja disfrutar de mi vida actual pero hoy no lo he hecho para nada. Me encuentro trabajando en algo que disfruto y me gusta pero la ilusión del principio ya me ha caducado. He entrado en ese torbellino enorme llamado monotonía. Me gustaría saber por qué una vida así no consigo de disfrutarla. He conseguido salir del yugo de Villarejo y conectar con mi verdadero entorno, tanto laboral como social. La gente sonríe, habla, juega al pádel, van juntas al gimnasio. Cuando salen de trabajar tienen perfectamente definida su vida (hobbies, amistades, actividades…etc.). En mi cabeza todo eso está claro pero no puedo ejecutarlo. No entiendo por qué después de todo el sacrificio que he hecho y todo lo que estoy luchando sigo sin tener una base social sana y estable en mi vida. Obviamente me relaciono con todos en el trabajo, pero es solo trabajo. Después de este me vuelvo a encontrar con el Sergio solitario que no tiene con quien juntarse. No busco amigo, solamente busco tener la posibilidad de tener un escape social fuera del trabajo. Puede que la situación no sea tan mala como la pinto. Puede que cada día que pase esté más cerca de la vida con la que soñé. A lo que no estoy dispuesto es a que el trabajo me coma y viva solo para ello. Un simple partido de pádel con alguien. Acollarme en la barra del bar con alguien. Una conversación casual de WhatsApp con alguien. Los días que libro me encuentro perdido, no sé lo que hacer aunque sí sepa lo que me gusta hacer. Una sensación extraña es la que recorre ahora mismo mi cuerpo. Tengo valores. No fumo. No bebo. No salgo de fiesta. Hago deporte todos los días. Mi único propósito en la vida desde que me levanto es tratar de hacer las cosas para ayudar a los demás; sumado a mis ganas por seguir aprendiendo y subiendo de nivel cada día que tacho en el calendario. Haciendo un resumen general de mi vida estoy bien. Quizá debería hacer un esfuerzo extra por tratar de conectar de verdad con mi conjunto de vida, y no solo con un objetivo laboral, sino con la vida que quiero tener desde que me levanto hasta que me acuesto.